Si alguien se empeña en nadar
a contracorriente,
verá pasar los cadáveres de sus vecinos
río abajo, rumbo al estuario,
donde se encuentra el humeante barro negro.
Allá lejos y Al revés.
Huysmans, decadente y, finalmente, equivocado.
Una sola cosa me maravilla más que la estupidez con que la mayoría de la gente vive su vida:
Es la inteligencia que hay en esa estupidez.
Fernando Pessoa
sábado 30 de mayo de 2009
Integrales XVI
jueves 30 de abril de 2009
El silencio
Tal vez, tras contemplar este cuadro, se podrían escribir cosas tan sutiles como estas:
"Si se buscan las respuestas a los interrogantes básicos en un oráculo, se hallarán soluciones distorsionadas por percepciones ilusorias."
O, incluso, tan inflamadas como estas otras, quién sabe:
"El rugir de las olas al estallar en los acantilados, el zumbido primigenio de un terremoto o el estruendo de una catarata pueden ser los sonidos del silencio. Si uno se concentra en ellos llegará a no percibir nada; siendo posible, de esta forma, aislarse del bullicio imaginado por el exterior, y aprender a escuchar la pulsión del vacío generada en el interior."
¿Pero, realmente, este tipo de soluciones estéticas tienen algún significado, o son un simple subterfugio para salvar la vanidad del artista y su crítico?. Seguramente este mismo interrogante sea una pura necedad, y lo mejor sea no preguntarse nada que pueda provocar sarpullido intelectual.
Odilon Redon parió una obra llena de alquimia que se merece emplear todo el ingenio posible para intentar desvelar sus misterios; pero dedicar tiempo y esfuerzo a una labor tan conceptual acaba por banalizar la propia obra.
La razón de tanta negligencia es el hastío existencial, es decir:
Si uno escribe como un potro desbocado, con los ojos inyectados en sangre, a punto de sufrir un colapso, puede que se acabe dando con una o dos frases ocurrentes, pero que despedirán cierto aroma de inelegancia. Si, por el contrario, se intenta un estilo contenido, es probable que se concluya con migrañas y cara de estreñimiento. Un término medio que intentara una cocción de ambos extremos sería, no obstante, indigno para alguien que acostumbre a tomarse a sí mismo en serio.
Resultado de todo ello: es mejor no enlodar lo que se explica por sí mismo con elucubraciones inútiles.
Así las cosas...
Es casi una vileza aseverar lo siguiente:
El simbolismo es una necedad porque la realidad no existe, y es inútil representarla fiel o simbólicamente.
Única e irremediable concesión a la galería:
Difíciles son los caminos del silencio, pero el transitarlos tiene como recompensa acercarse al punto cero del pensamiento. Todos los profetas así lo atestigüan.
El silencio (1911)
Odilon Redon
Óleo sobre papel - 54 x 54 cm
Museo de Arte Moderno, Nueva York
viernes 10 de abril de 2009
Los efectivos
Desde hace algún tiempo, y según los medios de comunicación, las personas no son personas, son efectivos.
Los militares que se dirigen al frente a realizar una de esas misiones humanitarias tan frecuentes en nuestros días no son militares, son efectivos; los bomberos que apagan fuegos y ejecutan arriesgadas labores de rescate no son bomberos, son efectivos; las personas encargadas de la protección civil en caso de desastres no son personas, son efectivos.
Todos somos efectivos ya no existen categorías para las personas, da igual la profesión que se tenga, todo el mundo pertenece a la gloriosa hermandad de los efectivos.
Obviando la estupidez y la falta de caudal que supone la repetición incansable de un mismo término, por muy moderno y guay que nos parezca, los que así designan a las personas desconocen que se entiende por efectivos lo siguiente: "Totalidad de las fuerzas militares o similares que se hallan bajo un solo mando, incluidos los recursos materiales; o, también, el conjunto de personas que integran una plantilla."
Es, por lo tanto, absurdo hablar de la retirada de 50 efectivos de tal misión de paz, o de la incorporación de 4 efectivos -por bomberos- a la búsqueda de supervivientes en una catástrofe.
La palabra efectivos se utiliza para designar el total de personas -o material, en caso de fuerzas militares-, pertenecientes a un conjunto, no para señalar un número exacto de los mismos.
...alegrémonos
pues nuestra sociedad
está regida por
mendrugos y melones
al unísono...
Docenas de disparates como este salpican telediarios, periódicos, revistas y cuanto medio de comunicación haya sido inventado. Y el culpable siempre es el mismo, un periodista de carrera.
Si para entrar en las facultades de periodismo se exigen las notas de acceso más elevadas, tiemblo al pensar en qué manos incapaces está depositado el ejercicio de otras profesiones menos exigentes a la hora del reparto; o tiemblo todavía más al deducir que si el bachillerato ha otorgado las mejores notas a esta estirpe de ineptos, cabe pensar que el diseño del mismo no ha sido todo lo cuidadoso que se necesita para un asunto tan principal como es la educación de los ciudadanos. Podemos colegir, según esto, que cuanto mejores notas obtiene un alumno en el bachillerato más zoquete es; o lo que es lo mismo, nuestro bachillerato promociona a las cotas más altas a los tarados más avanzados.
Gaudeamus Igitur, o sea, alegrémonos pues, de que nuestra sociedad esté regida por mendrugos y melones al unísono. Se imaginan que realmente en la cúspide social se hallaran gente capaz e inteligente; sin duda, habríamos desaparecido como especie: la contemplación desde la cima de la ingente cantidad de zotes y tarugos que pueblan el universo acabaría por llevar al suicidio a los pocos inteligentes, sumiendo en el caos a la sociedad. Es, sin duda, una solución inteligentísma por parte del Gran Hacedor llevar a la cúspide a los mediocres, porque al mirar hacia abajo se verán reflejados; y los mediocres al mirar hacia arriba no temerán descubrir lo anodino de sus existencias.
lunes 30 de marzo de 2009
Momento musical VIII
Wolfgang Amadeus Mozart.
Sinfonía nº 40 en Sol menor K.550, Finale, Allegro assai.
Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Karl Böhm.
El arrebatado y violento Finale de Mozart presagiaba ya que la despedida era inminente. Un final acelerado por el hastío que provoca la frivolidad en las mentes sedientas de bosquejos improvisados.
Tal vez aquel portazo estuviera de más; hubiera sido suficiente con una despedida a la francesa, o un mutis por el foro, o que ni tan siquiera todo ello hubiera acontecido; no obstante, reconozco la oportunidad de un instante teatral: aunque las despedidas tengan ya un punto de dramatismo en sí mismas, en ocasiones, se hace imprescindible aderezarlas con artificios escénicos.
domingo 22 de marzo de 2009
Cita X
No llego a entender cómo, siendo los niños tan listos, los adultos son tan tontos. Debe ser fruto de la educación.
Alejandro Dumas, Jr
Esta picardía del Dumas menos talentoso puede ilustrar muy bien la polémica ley de ordenación de los estudios universitarios en Europa. Y, a la luz de la misma -la picardía- podríamos preguntarnos lo siguiente: ¿tiene algún sentido aprobar leyes intrascendentes en las que nadie cree porque no son más que un simple recosido obrado sobre un sistema con claros síntomas de agotamiento?.
¿Acaso no es inútil la acción de quien, ingenuamente, intenta mejorar el estado de las cosas -legisladores y Academia-, o la reacción de quien se siente cómodo con la anodina e insípida situación actual -estudiantes-? ¿No deberíamos pensar que lo que realmente falla es la actitud acrítica de quienes deberían ser la avanzadilla intelectual de la civilización, y que en el fondo no son más que simples depositarios de rancios conocimientos, que con su predisposición innnata a la inacción perpetúan el paradigma imperante y, por ende, el poder de los mediocres?
...sólo pidiendo
lo imposible
se obtiene
lo improbable...
Bolonia es indiferente. Lo que se necesita es otro sistema educativo. Desde la educación infantil a la excelencia universitaria se debe fomentar el espíritu crítico, la creatividad, el libre pensamiento...
Los estudiantes protestones de hoy son los cachorros que perpetuarán el sistema en el mañana, porque no se dirigen al núcleo del problema. En el 68, pedían lo imposible, y tenían razón, porque sólo pidiendo lo imposible es como se obtiene lo improbable.
La civilización no avanza porque inútiles sin fin se cuelguen una medalla tras otra, después de completar los correspondientes ciclos formativos, para poder presumir ante la sociedad de los honores alcanzados; ni porque nos empeñemos en darles carta de autoritas cuando no son más que monos amaestrados.
Mientras el sistema educativo siga premiando el esfuerzo y la tenacidad en detrimente de la imaginación y la creatividad, proyectaremos invariablemente a los escalofones más altos del poder a medianías que gobiernan medianías. Es la fascinación por la meritocracia debida al trabajo tenaz y repetitivo -aunque no sirva para nada, tan sólo para rellenar un curriculum-.
El día que queméis vuestros títulos y birretes en las plazas públicas os liberaréis de la pesada carga que supone la estupidez acumulada durante siglos.
Gaudeamus Igitur, la Academia y sus doctos guardianes están a salvo.
martes 24 de febrero de 2009
Integrales XV
viernes 20 de febrero de 2009
Matices

Los colores puros como las posturas extremas en política, sólo sirven para una cosa: decorar.
Extremistas de la derecha, de la izquierda y hasta del centro se afanan en engañar a un electorado absolutamente ignorante en las artes del matiz.
Los extremistas opinan que tanto en el arte como en la política las ideas no son lo esencial, lo importante en ambas disciplinas es vencer. Vencer en la política significa ejercer el control social para perpetuar el dominio del clan, familia o tribu a la que perteneces. Vencer en el arte significa subastar tu alma para que tu ego sobreviva en este mar de dudas que es la expresión artística.
Así pues, para liberarnos del discurso único es necesario ensuciarlo todo, mezclar todos los colores del espectro conocido, con el objeto de que el brillo enfermizo de la pureza deje de deslumbrarnos, y, así, poder encontrar algún camino, que invariablemente será quebrado y gris.
Naranja + 1/3Azul + una pizca de blanco: poesía ensuciada.
